miércoles, 20 de abril de 2016

Nubes Negras - Prólogo

(Este es un acercamiento que hago al prólogo de mi primer intento por escribir una historia larga)

Cecil era el más joven miembro de una de las firmas menos reconocidas de arquitectos que había en la ciudad de Notresde. Su trabajo, o más bien, sus ambiciones laborales poco tiempo le dejaban libre para el ejercicio de las más básicas prácticas sociales, tales como expandir su círculo de amigos, contactar a su familia o si quiera dedicarle el mínimo tiempo necesario a la relación que difícil mente sostenía con la mujer que dentro de poco dejaría de ser su novia.  Esos pensamientos sobre sí mismo le llegaron a Cecil aquella madrugada de enero, que al igual que muchas otras, lo encontraba trabajando incansablemente en los planos de un proyecto que tendría que presentar esa misma mañana. Era un joven muy trabajador, un profesional como pocos, excepcionalmente dedicado, aceptablemente creativo y bastante infeliz en general. Aquella madrugada Cecil se encontraba distraído, parando entre cada línea y línea que dibujaba para mirar un punto vacío de su escritorio y así retomar los pensamientos que la acosaban acerca de la pelea que había tenido el día anterior con aquella joven señorita que en 4 o 5 horas dejaría de ser su novia. A todos nos llega un momento en la vida en que ya no podemos pretender que con trabajo duro conseguiremos realmente lo que queremos y ese punto le llegó al trasnochado Cecil aquella madrugada justo después de su quinta taza de café, suspirando ruidosamente separó su mirada del diseño de pasillos que estaba tratando de terminar, miro por la ventana a un cielo que se iluminaba con los primeros claros del día y decidió por fin dar un paso fuera del camino. Volviendo de nuevo al papel, lápiz y regla en mano, garabateó rápidamente el resto de los pasillos que le faltaban para terminar aquel piso. Al finalizar dejo su trabajo sobre la mesa del asistente que tendría que pulirlo horas más tarde. Tomando su saco negro Cecil salió hacia la calle con dirección a casa de su novia y la firme intención de proponerle matrimonio.


La historia de Cecil continuaría hasta años más tarde, ya casado con la chica que ese día dejó de ser su novia para ser su prometida, ambos tendrían 5 hijos y se retirarían a temprana edad con la idea de recorrer el mundo y ser felices. Sin embargo,  aquel plano que Cecil dejara tirado aquella mañana se preservaría para la posteridad convertido en un pequeño edificio de oficinas al sur de la ciudad, con un confuso diseño de pasillos en el piso 7 que hacía que todo el que pasara por ahí se encontrara a sí mismo, por alguna razón, pensando en algún ser querido con quien debería casarse. Precisamente por eso, por las tribulaciones amorosas de un joven arquitecto, es que años más tarde,  después de que Cecil muriera finalmente agobiado por la infame fiebre cristalina de Tunday, es que Nikolai se encontraría perdido en aquellos pasillos, realmente confuso a causa su diseño tan irregular, casi agonizando a causa del veneno que lentamente se comía su cerebro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Decir lo que se piensa el es primer paso, bueno, es el segundo, el primero siempre sera pensar en algo.