nuestro tiempo es tan corto y el mundo tan vasto...

...podria escribir hasta que los tendones de mis dedos estallen como las cuerdas viejas de un piano, y no seria suficiente...

...nuestro trabajo aqui resulta tan insignificante, que es mejor comenzar de una vez.

...un cerebro a la vez...

martes 1 de diciembre de 2009

La niña que ignoraba al mundo

“Mi vida es un cuento que yo escribo cada día,
y al que mi novia le corrige la ortografía”

Fue un sábado caluroso, o por lo menos creo que fue un sábado caluroso, a decir verdad tengo tan mala memoria que aunque hubiera sido un miércoles lluvioso siempre lo recordare como un sábado caluroso.

Por aquel entonces yo no hacia gran cosa, bueno, en realidad aun no hago gran cosa, pero antes hacia aun menos cosas, lo cual me dejaba mucho más tiempo libre, razón por la cual había quedado de verme con unos compañeros del colegio a quienes no veía hacia un año más o menos, precisamente desde que salí del colegio.

Eran dos, un él y una ella. El era un estudiante de matemáticas, carrera medio aburrida, tipo medio interesante y ella era una estudiante de medicina, carrera muy aburrida, niña muy aburrida. Lamento si para este punto me consideras un poco arrogante, pero de verdad nunca fui bueno para fingir paciencia, algunas cosas no vale la pena esconderlas y a decir verdad eso es lo que en ese momento pensabá.

Habíamos quedado de encontrarnos en una estación del metro de la ciudad, aquí es donde este relato se pone aburrido, era medio día y podría apostar lo que fuera a que iba a llegar a casa tan aburrido y sobrio como me encontraba mientras cruzaba el centro hacia la estación del metro.

Empecé a subir las escaleras de la estación añorando llegar a la plataforma del tren, desde donde podría recibir una brisa refrescante y disfrutar de la magnífica y grisácea vista de la ciudad de Medellín. Conociendo a la gente con la que me iba a encontrar como supuse que la conocía, llevarían esperándome por lo menos hace quince minutos.

Mientras subía las escaleras de la estación me detuve un momento a mirar por la ventana una interesante mancha de humedad que se había formado en el edificio del frente, tenia forma como de elefante con dos trompas que peleaba con algo que era más o menos no del todo diferente a una cucaracha gigante. La cucaracha iba ganando pero el elefante le hizo una llave con sus dos trompas entre el abdomen y el tórax apretándola muy fuerte hasta que con un fuerte crujido el imponente insecto cayó derrotado, así fue como sin darme cuenta ya estaba en la plataforma de metro vagando entre la gente que esperaba el tren.

Creo que le había dado unas tres o cuatro vueltas a la plataforma de punta a punta antes de caer en cuenta de que estaba buscando a alguien, y cuando al fin me pude concentrar en ello la vi inmediatamente, bueno, en realidad la gente abordo el tren en ese momento y la plataforma se vació dejándonos a nosotros dos solos. Estaba al otro lado de la plataforma sentada cómodamente mirando lo que parecía ser un libro muy colorido, yo me empezó a acercar a ella pensando cómo hablarle sin parecer que planeo robarle (que puedo decir, ese es mi efecto con las mujeres).

La plataforma del metro lleno gradualmente de gente tan rápido como se había vaciado, pero yo seguía con mi mirada fija en el punto donde me pareció haberla visto. Aun no se me ocurría nada para decirle, no soy el tipo conversador ni mujeriego, a duras penas he tenido unas cuantas relaciones en mi vida y ninguna ha tenido buen final. Bueno, voy a acercarme y decirle algo divertido –pensé– sí, eso haré, o tal vez solo deba hablarle serio y saludarla como se saluda a un viejo conocido, mmm para ambos casos no se me ocurre gran cosa.

En ese momento llegue donde ella abruptamente, saliendo del gentío tan rápido que lo único que pude pensar fue: ¡Ya se!, solo me parare a su lado y dejare que ella me vea. Si, esa va a ser a mi estrategia maestra (el que piense que soy un perdedor, está en todo su derecho)

Antes de poner en práctica mi plan le dispare una mirada, es difícil de describir lo que vi, en apariencia tenía algo de Evanna Lynch y algo de Helena Bonham Carter, pero en cierta forma que no puedo explicar muy bien, no se parecía en nada a ninguna de ellas dos.

Así fue como me pare sospechosamente cerca de ella, fingiendo no verla mientras admiraba la magnífica y grisácea vista de Medellín que ya había mencionado antes. Y ella ahí, sin inmutarse no mirandome de verdad.

Ahora imagínate la escena, un hombre sudoroso, más bien desaliñado y flaco, mal vestido y mal parado tratando de llamar la atención de una niña linda y sana por medio de su antipatía, no se ustedes pero esa imagen permanece en mi cabeza como prueba de que soy un fracaso en cuestión de mujeres.

La estación se vació y se lleno unas cuatro veces tan lento que casi parecía una orquesta de caminantes que interpretan sin muchos animos el allegretto de la séptima de Beethoven en medio de mucho gas adormecedor. Mientras estos dos personajes, ignorándose mutuamente seguían allí, exactamente en la misma posición. En situaciones así se puede ver la vida girando alrededor de este tipo de situaciones lenta y perezosamente, arrastrando los pies en un desanimado afán por acabar pronto y morir de una buena vez.

Yo no pensaba mucho, trataba de no hacerlo, estaba a la espera de que algo pasara, pero nada en el mundo, ni mis dieciocho años de experiencia, ni Shakespeare, ni Freud, ni Chaplin y ni siquiera el Dr. House me pudieron haber preparado para el golpe que ese día se desencadenaría sobre mí, un golpe tan fuerte que casi un año más tarde aun siento sus efectos. Un año, un feliz año que llevo junto a aquella hermosa niña medio aburrida que ese día en el metro se dedico a ignorar la forma en que yo fingía ignorarla.

lunes 30 de noviembre de 2009

En los segundos de un reloj detenido

Hay historias que merecen contarse solo porque seria una injusticia dejarlas caer en el olvido. Historias con una carga tan grande de mentiras, incongruencias, inverosimilitudes e injusticias que son un vivo retrato de la mente humana moderna, y por tanto merecen preservarse como resumen de nuestra existencia. Pues bien la historia que os contare ahora es una de estas, tan curiosas que quizás hubiera aparecido en los periódicos más importantes de las ciudades más interesantes de no ser porque los que estuvieron allí fingen haber olvidado todo al respecto por miedo a ser recordados.


Aquella noche, se reunieron un grupo muy variado de personas, en que algunos tenían mas dinero que alma y otros mas talentos que conciencia, para celebrar entre mentiras y verdades la triste partida de uno de los suyos y la feliz llegada, consecuencia lógica, de su legado monetario.


El difunto en cuestión era un viejo amigo mió, medio padre medio hermano, pero no le prestéis atención a este hecho menor por ahora. El punto es que fue un gran tipo, no demasiado olvidadizo para ir al cielo pero tampoco lo suficientemente atento para ir al infierno, pero dejémoslo en su tumba y concentrémonos en lo importante, su dinero, que esa noche pasaría de manos. Era suficiente fortuna como para mantener cómodamente a veinte personas durante toda su vida, sin embargo en la lista de herederos solo figuraban cinco nombres, seis si contaban el mió que por no estar allí, figuraba claramente.


Al fin había llegado el momento de repartir la herencia, todo había quedado registrado en cinco tomos de papelería con todas las propiedades, las sumas y los nombres correspondientes dentro de un maletín negro que el abogado de la familia sostenía abierto frente al grupo de personas, que lo miraban, claro está, con un interés casi humano.


Nunca me ha gustado llamar la atención, pero debía hacer algo de suma importancia esa noche y requería dirigirme a esas personas para ello. Así que cuando un muchacho joven con sonrisa brillante se acerco al maletín con la mano extendida; por primera vez en más de 55 años oí mi voz diciendo:

-Realmente a mi forma de ver las cosas, nos han robado.


En ese momento y por un algunos segundos la habitación se detuvo por completo, la mano del joven de sonrisa brillante, la respiración de los presentes e incluso el reloj pareció quedarse estático. Al pasar esos segundos las cabezas de los presentes volvieron a moverse en perfecta armonía girando hacia mí con una mezcla de miedo, indignación y gran sorpresa.

Mi apariencia es un poco lastimera a decir verdad por tantas noches que he dormido en la calle pero en mi cabeza yo sabia que estas personas estaban en tal estado de perplejidad porque, aparte de mi aparición repentina, había dicho la palabra “robado”, seis letras que juntas evocaban sus mayores miedos.


Había miles de preguntas que deberían hacerse y hacerme en ese momento, pero la más importante para todos fue la primera en salir a la superficie...


-¿Como que robado?-dijo una voz desde algún punto que yo no podía ver.

-Un testamento lega todo lo que la persona tenía a sus sucesores, pero en ese maletín no esta todo lo que el difunto les quería dejar, mas no se preocupen.-dije mientras miraba el reloj que por alguna razón seguía parado-no se trata del dinero, tranquilos.


Con este punto claro y luego de un suspiro colectivo ya podían venir las preguntas usuales, lo curioso es que el mas atosigado no fui yo, si no el abogado…

-¿Eso es cierto abogado?

-imposible, cada propiedad está declarada en estos papeles.

-¿Esta seguro?

-lo revise personalmente.

-¿Y quién es este hombre?

-No lo sé y estoy seguro que no esta en la lista de invitados

-¿Hay algo que olvidara mencionar o hacer?

-en absoluto.

-si descubro que algo falta…

-¡nada falta, y apostaría mi reputación en ello!

-trato hecho

-¿Usted hizo la lista de invitados?

-Sí, pero le aseguro que este hombre no estaba en ella.

-Pensé que esta reunión era un secreto

-Lo es, solo los parientes involucrados saben de ella.

-¡Pues ciertamente, el no es un pariente involucrado!


Ahora era mi turno de responder…


-¿Y usted quién es?

-Realmente no estoy seguro

-¿Qué significa eso?

-Que no podría explicarlo satisfactoriamente

-¿Que hace aquí?

-Yo vivía aquí

-Pero ahora, señor, es propiedad privada.

-Aun no, el dueño esta muerto así que técnicamente hablando todos somos invasores en una casa abandonada.

-¡Esta casa me pertenece!- dijo el joven de sonrisa brillante

-No, esta casa es de tu hermano, el joven de cabello rubio.

-¿Cómo puede usted saber eso?

-Leí el testamento hace como media hora.

-Esa información solo le interesa a los parientes del difunto...

-En realidad estoy emparentado con el difunto de algún modo.-dije acercándome lentamente a la multitud y al maletín negro más específicamente


De nuevo todos me miraron lentamente pero la pregunta que harían se tornaba tan obvia que la respondí antes de que la formularan.


-Se puede decir que soy su hijo y también su medio hermano, pero antes de que penséis mal de la abuela déjenme aclarároslo. Fue cuando el difunto tenía alrededor de16 años, muy joven para tomar sus propias decisiones pero muy maduro para depender de otros, todo un dilema. Por aquel tiempo vivía en la gran casa de su padrastro, un hombre completamente apegado a las reglas, muy estricta e inflexible. Muchas veces recibió palizas de su parte por todo tipo de desobediencias, tanto que en poco tiempo creció dentro del difunto un gran odio hacia su padrastro. El odio no es una buena guía para un hombre joven, se pega a sus más profundos sueños y deseos evolucionando lentamente con ellos.


De no ser por su madre, no sabría deciros que habría pasado, ella era una mujer tierna y amable, de buen corazón y gran intelecto, que se pasaba las tardes calurosas brindándole al difunto todo su cariño, mitigando lentamente sus deseos de venganza. Solo ella era el calor de su frió corazón, solo ella era su vida y su felicidad. Hasta aquel fatídico día en que al entrar a la sala la hallo muerta, con su vestido blanco manchado de sangre, tendida fría e inmóvil simbolizando lo que para el difunto seria el resto de su vida.


Solo había una explicación posible para aquello, y esa explicación se acerco a él lentamente y posando su mano manchada de sangre sobre el hombro de su hijo exclamo:


-Olvida.


El odio se apodero del difunto, le brotaron las lagrimas y se le ennegreció por completo el corazón. Al fin sabia que hacer, iba a matar a su padrastro o para siempre viviría con rabia en su alma, ¿pero cómo? No podía hacerlo sin ayuda y aunque lo hiciera luego no podría soportarlo por sí solo.


Fue entonces cuando yo nací…


…Y noches más tarde, entre ambos tomamos un cuchillo y nos dirigimos a los aposentos de mi abuelo putativo y padrastro. La muerte le llego tan veloz que aun hoy me pregunto si antes de morir habrá sabido quienes fueron su asesinos o por lo menos cual fue el motivo de su muerte. Por último, el difunto, que en paz descanse, escondió cuidadosamente el cuerpo, el puñal, mi existencia y su oscuro secreto por el resto de su vida. Sin embargo el no siguió el único consejo sabio que recibió de su padrastro, y murió sin olvidarme, dejándome aquí para siempre.


-Ahora es necesario que yo haga algo por nuestros años de amistad y en venganza por su abandono- dije finalmente

-¿Q..Que es eso?- preguntaron los ojos de mi publico temerosamente.

-Vengo a tomar lo que es mío de todo esto, ¿entendéis?.

-¡Usted no está en el testamento! – exclamo el abogado.

-Técnicamente si, como yo no existo, no tengo nombre, así que cualquier espacio en blanco en la lista de herederos cuenta como mi nombre, además soy el único que cumple los requisitos- dije, para leer en voz alta en voz alta mi copia del testamento

“…como mi única condición, solo heredara quien sepa mi nombre completo”


-Claro que por desgracia, el nunca menciono su apellido por el odio que sentía hacia su padre y para molestaros quizás. No obstante pudieron habérselo preguntado hace mucho, claro no se molestaron, ¿cierto?


Camine hacia el maletín y muchos trataron de detenerme, pero ser imaginario ayuda mucho en este tipo de cosas. Tome el maletín con calma mientras el abogado, ahora sin reputación, releía frenéticamente esa diminuta frase en su copia del testamento.


-Ahora entienden porque nos habían robado, pero ahora ustedes tienen la verdad, que es lo que se merecen y yo tengo mi parte del botín como cómplice del asesinato que es lo que me merezco, Pero les dejare un último consejo y espero les sea útil,…


…no olviden.


Y luego de haberme ido el reloj volvió a funcionar.

viernes 27 de noviembre de 2009

"La Canica"

Aquel hombre corría por las transitadas calles de la ciudad, y antes de que pudiera ser el protagonista de esta historia fue asaltado por una banda de bandidos, quienes lo apuñalaron hasta la muerte y lo dejaron sin posesiones materiales, lo cual es obvio porque un muerto no puede tener posesiones materiales.

Uno de los ladrones, precisamente el que llevaba su cartera se despidió del grupo y se fue a tomar una cerveza al bar que frecuentaba. En realidad esa era su excusa, ya que en realidad iba a cortejar a la linda joven que allí atendía, que en realidad no era linda ni joven, pero creo que todos tienen sus gustos y hay que respetarlos

Y mientras yo hablaba llego el novio de la bella joven, y entabló una acalorada discusión con el bandido, quien también quiso arreglar sus diferencias con palabras. Siempre he pensado que la mejor manera de resolver problemas es por medio del dialogo ya que… Hey no, esperen, el novio de la joven bella y hermosa acaba de matar al bandido y ahora trata de huir por la puerta de atrás. Es una lastima que no haya tenido un adecuada relación de dialogo con su novia, de otro modo habría sabido que aquel bar no tenia puerta de atrás.

Mientras la policía sacaba esposado al novio de la joven bella y hermosa algunos minutos mas tarde, uno de los oficiales se bebió la cerveza que el bandido (que en paz descanse) había dejado. Por algún motivo este policía en particular era precisamente quien conduciría la patrulla de vuelta a la estación.

Durante el viaje tuvo que parar por un embotellamiento que se formó a causa del levantamiento del cuerpo del tipo a quien asesinaron los bandidos antes, quien por cierto no es el personaje de la historia.

Pasaron tanto tiempo en aquel trancon que el oficial que conducía sintió la inaplazable necesidad de deshacerse del exceso de líquido causado por la cerveza que antes se había tomado. Así que al ver que el trancón no se movía decidió bajarse e búsqueda de un baño dejando al prisionero bajo el cuidado de su compañeros, (del policía, no del bandido)

Al entrar a una heladería en busca del baño el policía noto como su pecho se ponía pesado y lentamente perdía movilidad, y mientras su vida terminaba me dejaba a mi en la molesta tarea de conseguir a otro personaje para esta historia.

Si tomo al prisionero supongo que tendría que narrar sus aventuras durante los 15 años de prisión que quizás le den y eso seria bastante aburrido, y los compañeros del policía se ven como gente muy monótona. Así que tomare a la adolescente que se estaba tomando un helado en el momento en que el oficial tuvo el infarto, ya que se ve bastante normal.

Al ver tal espectáculo la joven brinca por la ventana más cercana y una vez en la calle salta en un pie hacia el atardecer, y como estoy de mal humor ni siquiera intentaré justificar sus actos.

Mientras brincaba golpeó a un niño que pasaba la calle, al caer se le salio del bolsillo una canica demasiado negra que rodó calle abajo, paso en medio de una multitud y al lado del cuerpo de el tipo que no es el personaje, siguió rodando, se subió al anden por miedo a los carros y paso al lado de la patrulla en la cual aún esperaban al oficial que conduciría la patrulla hasta la estación. Rodando paso la calle, y fue asaltada por la pandilla de bandidos, luego abrió la puerta de una casa, entro a la cocina, se hizo un sánduche, y luego de comérselo subió las escaleras hacia una habitación y allí se hecho a dormir.

No se ustedes, pero yo no quería narrar las aventuras de una canica así que baje el lapicero y cerré el cuaderno harto de estos incoherentes personajes que aún después de tanto tiempo se niegan a trabajar conmigo.

sábado 3 de octubre de 2009

NOCHE DE LUNA LLENA

Esta noche hay luna llena, hace más de dos semanas que no veo un calendario y hace más de 40 años que no miro el cielo nocturno, pero sé con certeza que esta noche hay luna llena. Siempre es una sensación curiosa, un pensamiento ligero o un temblor casi imperceptible en mi pecho, sea cual sea la señal, sé que afuera, esta noche hay luna llena.

Hoy no puedo dormir, es curioso porque dormir es una de mis mayores distracciones, duermo cada vez que puedo y a veces cuando tengo buena suerte y me he portado bien sueño un poco, mis sueños no son bastos ni divertidos como los de otras personas, no hay mucho que yo desee con fuerza, así que solo sueño con cosas pequeñas, campos verdes, cielos despejados y lunas llenas.

Hoy tuve un problema interesante con mi cama, y es que no sabía cómo ponerla de tal forma que no ocupara todo el espacio de mi celda para que yo pudiera recostarme en el suelo a dibujar, leer o dormir un poco, porque me gusta dormir en el piso a veces, cuando el viejo colchón me empieza a causar dolores de espalda o descubro que la almohada tan suave no me deja apoyar mi cuadernito o mi libro adecuadamente. Al final, luego de pensarlo todo el día decidí desarmar mi cama y poner sus partes a un lado y el colchón al otro, me pareció una buena idea y así lo hice, el resultado fue grandioso.

Estoy de muy buen humor por la idea del colchón, porque no suelo tener ideas así, aunque probablemente mañana por la mañana los guardias me obliguen a armar mi cama y ponerla como estaba, y yo intentaré hablarles de mi dolor de espalda y de que no puedo dibujar ni escribir bien si mi almohada se mueve constantemente, pero ellos no me escucharán, o por lo menos no me escucharán de la forma en la que yo escucho, sino que verán mis labios moverse y luego se reirán dándome a entender que no entendieron lo que yo dije; me pregunto por que hacen eso, he pensado que es un mal hábito que tiene la gente de afuera, aunque también conozco gente de afuera que sí puede escuchar, espero que los guardias de mañana me puedan escuchar, pero si no es así no importa, hoy por hoy puedo dormir en el suelo fresco y si quiero puedo dibujar.

Se me acaba de ocurrir que tal vez no pueda dormir porque tengo hambre, ya me ha pasado antes que tengo hambre y no me doy cuenta sino después de un momento, podría estirarme y tomar un poco de pan de mi bolsa, porque yo guardo pan del almuerzo para comérmelo cuando quiera, aunque no lo hago a menudo porque no quiero que se me vuelva una distracción, ya tengo muchas distracciones y no quiero atosigarme de placeres, porque entonces no tendría tiempo libre para dormir, que es mi mayor distracción.

Acabo de percatarme de que no es hambre lo que siento, porque una vez tuve mucha hambre y no se parecía del todo a lo que siento ahora, fue esa vez que la cárcel pasó por una crisis económica y como no había mucho dinero tampoco había mucha comida, así que muchos la pasamos mal, por lo menos los de adentro, porque los de afuera parecían apenas un poco molestos con todo, como siempre. En ese tiempo muchos de adentro tenían que encontrar otros pasatiempos porque comer era su mayor distracción, así que algunos se ponían a pensar todo el día, quietos y taciturnos en un rincón con la mirada perdida, y cada noche, en medio de la oscuridad y el silencio, había alguien que después de tanto pensar al fin tenía una buena idea y al día siguiente había más comida para los que quedábamos.

En noches como ésta recuerdo a Charlie, el de la celda 328, al final del pasillo, era mi mejor amigo desde que nos conocimos y hablábamos todo el día de todo lo que se nos ocurriera, nuestra opinión a nadie le importaba de hecho, ni adentro ni afuera, quizás eso era lo mejor de nuestras conversaciones, después de todo un hombre necesita historias para recordarse a si mismo que esta vivo. Charlie tenía la mirada alta y enérgica de una persona buena, una mirada que entre los de afuera pasaría desapercibida, pero adentro es una cualidad extraña. Fue una noche silenciosa como ésta, yo me desperté en mi celda y mientras trataba de cobijarme lo mejor posible sentí un temblor casi imperceptible en mi pecho. Esa noche Charlie tuvo una buena idea.

No me gusta hablar de la muerte de los demás, porque me entra una envidia muy molesta y entonces me pongo de mal humor, sé que la muerte no es algo envidiable pero creo que es algo que estoy esperando, como también espero el periódico cada mañana y la comida cada noche. Una persona necesita cosas por las que esperar, la espera da sentido a la vida, porque la vida en si resulta una larga espera.

Pienso que la muerte no es mala cosa, aunque eso no siempre ha sido así, cuando entré aquí, hace 43 años, le temía a la muerte como todos los de afuera, porque ese es otro mal hábito que tienen los de afuera, pero poco después me daba igual vivir o no, más tarde al pasar los 25 años aquí, creí que volvería afuera y entonces si le temí con fuerza a la muerte, pero ahora me doy cuenta que la muerte no es una cosa mala, ni siquiera es una cosa, es algo que pasa, igual que cuando cae la lluvia, sopla el viento o la luna pasa a estar llena, temerle a estas cosas es temerle a la vida misma, ahí es cuando llego a pensar que la vida y la muerte son casi lo mismo y mejor dejo de pensar, no vaya a ser que se me ocurra una buena idea esta noche.

Me siento cansado, pero no de la forma que es buena para dormir, sino de otra forma más profunda, cierro mis ojos y busco en la oscuridad, hoy hay algo dentro de mi celda que es diferente. Es bueno que mi mundo sea una habitación pequeña porque entonces yo puedo controlar todo lo que hay a mi alrededor y todo lo que siento o hago se puede ver en mi celda. Al principio no hubiera querido que fuera así, pero después de los primeros 30 años empecé a ver como funcionaba todo, y desde eso le tengo un poco de miedo a lo que hay afuera, porque es un mundo enorme en el que no sé si estoy bien o mal, siempre preguntándome cosas sin importancia, buscando mi comida en cada rincón y evadiendo la muerte con pánico. Vivir con miedo no es fácil, quizás por eso la gente de afuera tiene esos malos hábitos, el de no escuchar, no creer y no esperar.
Al final puedo ver; con los ojos cerrados puedo ver, no siento mi cuerpo pero sé que estoy flotando, flotando a través de las gruesas paredes que me separan de las verdes praderas, los cielos despejados y la luna llena, porque esta noche está llena. Siempre se cuando hay luna llena, es una sensación curiosa, un pensamiento ligero o un temblor casi imperceptible en mi pecho, sea cual sea la señal; sé que afuera hay luna llena, y ahora me pregunto si alguna vez se lo habré contado a Charlie.

Oye Charlie, ¿Te conté de eso alguna vez?

domingo 30 de agosto de 2009

La historia de las historias del señor Alterio.

Todos en la región sienten miedo, nadie lo admite pero es así. Como si todos supieran que algo malo va a pasar, pero nadie supiera que. Era culpa, una vez más, de don Alterio, cada vez que ese anciano se veía involucrado con algo o alguien, cosas extrañas sucedían, como una maldición inevitable era mas que obvio que algo pasaría, algo que podria no ser malo, pero de seguro no será bueno.

Como aquella vez en que fue arrestado por hacer sus necesidades en medio de la plaza publica. Los gendarmes, en cuanto fueron avisados, no desperdiciaron esa oportunidad, entraron a su vieja y diminuta casa y lo sacaron violentamente, se necesitaron 7 de ellos, no porque el hombre fuera a oponer alguna resistencia, si no porque se necesitaba mucho valor para meterse con ese sujeto tan extraño y todos lo sabían. Luego fue llevado a la comisaría donde lo encerraron sin siquiera decirle el porque, y los que estuvieron ahí dicen que el solo se dedico a contar historias en vos alta, aunque fingieran no oírle.

A la mañana siguiente el señor Alterio salio de su casa como si hubiera dormido cómodamente toda la noche, nadie se dio cuenta en que momento lo liberaron, pero no fue lo único raro esa mañana. Al despuntar el alba toda la fuerza policial y militar de la zona desapareció, abandonaron sus puestos y huyeron en la madrugada dejando abandonadas, sin razón aparente, bases militares, puestos de policía y penitenciarias locales.

Poco después se supo que muchos hombres escaparon y los que no, fueron retirados de la zona por el gobierno sin una explicación clara, también ese año se llevo a cabo la mayor deserción en masa que las fuerzas nacionales hubieran visto.

Así que ahora están reunidos, escondiendo su miedo, 12 hombres frente a la casa del señor Alterio y son 12 porque se necesita mucho valor para meterse con ese hombre. Hace más de 2 semanas que no sale de su casa, esta muerto, se sabe por el hedor que despide la propiedad, pero los hombres siguen de pie frente a la puerta sin saber que hacer.